lunes, 26 de enero de 2015

AMORES EN UN CONCIERTO

Hace tres años, yo, Cristina, me tuve que mudar de ciudad por cuestión de trabajo de mis padres, lo que supuso un nuevo instituto y unos nuevos compañeros en clase.
Los primeros días todos me miraban como a un bicho raro porque era nueva y escuchaba música diferente a la que escuchaban los demás, iba yo sola por los pasillos hasta que un día creí oír una canción que me resultaba muy familiar. Seguí el rastro de la música y me encontré con un chico que parecía disfrutar mucho con esa canción.
 Me senté a su lado y cuando la canción acabó dijo:
- ¡Hola!, tú eres la chica nueva de clase ¿no?
A lo que yo contesté:
- Sí, me llamo Cristina y… bueno, he venido aquí donde estás tú porque la canción que estás escuchando resulta que es de mi grupo favorito y no sabía de dónde venía. Y tú… ¿Cómo te llamas?
El chico me dijo que se llamaba Cristóbal, y que a él también le gustaba mucho ese grupo y tenía dos entradas para ir a verlos el próximo sábado. También me dijo que iba a ir con Marta, una amiga a la que hacía cuatro días había atropellado un camión y se encontraba hospitalizada. No sabía a quién pedirle que le acompañara, pero como aún quedaba una semana dijo que alguien lo acompañaría para no perder el dinero y pasar un buen rato acompañado de otro fan loco.
A los dos días Cristóbal vino a mi casa para hacer un trabajo de literatura, y cuando entró a mi cuarto de estudio se quedó en shock al ver que yo también era súper fan de ese grupo musical.
Entonces me dijo:
- ¡Caray Cristina! no he conocido nunca a una persona tan fanática como tú y como yo, ¿quieres acompañarme al concierto de este sábado?
Ahí yo no sabía muy bien cómo reaccionar y dije:
- Esto… es que… no se…
Y era verdad, no sabía muy bien cómo reaccionar, entonces Cristóbal me cogió la mano y sentí cómo se me aceleraba el corazón y dije:
- Bueno, si tienes una entrada de sobras y me pides que te acompañe… ¡que leches, voy contigo!
Cristóbal me dio un beso en la mejilla y me abrazó muy fuerte.
El sábado, el día del concierto, nos reunimos a las ocho de la tarde en un bar que estaba a dos manzanas del auditorio para tomar algo y relajarnos porque estábamos muy ansiosos y nerviosos.
Más tarde entramos al auditorio y nos pusimos en primera fila.
Cuando cantaron nuestra canción favorita nos fundimos en un beso y hasta el día de hoy seguimos locamente enamorados y nada ni nadie nos podrá separar.